Y se dijo: “qué costaba entonces dejar que fuese invisible como cuando se perdía en si misma y volaba apacible disfrutando de su infinita ausencia..violento!
qué pensabas cuando decidiste aplastar los alientos escritos, maldigo tu curiosidad asesina! Tu violencia de sarcásticas carcajadas!
.....me parece insuficiente
Por eso sigo esta puerta de entrada para encontrar aquella idea que me haga detenerme al fin cerciorado el grado de satisfacción o sacio del alma. No lo logro.
Es que de repente se menoscabaron las palabras exactas para descartar lo sentido! Quizás fue que una vez llegada la invasión, eso que solía parecer tan fácilmente expresable, se trasformó en el absurdo y complejo poder de cualquier erudito, ese todo inalcanzable adosado de sermones lujuriosos con pretensiones de seguidores que dejen de cuestionarse los supuestos lógicos recién creados!...Uff
aún me parece insuficiente"
De esta manera comenzó su día, negro adentro y multicolor en cualquier dirección que tomara.
Se mantenía negro desde su cabeza, un negro imposible, un negro confuso y tormentoso, sobre todo.
Parecía que nada podía modificar ese color oscuro tan finamente arraigado en su cuerpo y ella lo tenía claro. Así que se armó de valor y decidida a hacerlo desaparecer de una vez por todas, emprendió su viaje sin camino, sin mapa. Como invitando a sus antiguos derroteros idealistas a un frágil y poco creíble paseo por el fragmentado espacio de esperanza que le iba quedando.
Antes de partir mirose al espejo, como para que le quedase claro a si misma (y sobre todo a ese maldito color) que no continuaría en ese lugar por mucho tiempo y, más que eso, para localizar el miedo que recorría su cuerpo y atraparlo en sus manos. Miedo en el cuerpo, uno que pasó de la cabeza a la pierna sin preguntar, que se abalanzó con vergüenza, que destrozó su confianza y cuyo perfil fue disminuido hasta desaparecer por todo su maldito círculo de cuerpos hiper-machos.
Tenía claro que las manos no eran el mejor lugar para encerrar esa clase de miedo, pero al menos podía intentar transformarlo en ritmo y que con ese ritmo tomara otra forma, otro color. No fue fácil, los dedos comenzaron a rasgar partes del cuerpo inexploradas que contagiadas por el miedo acosador. Rasgando pausas, rasgando preguntas sin responder, rasgando sermones y axiomas. ¿De qué sirve? volvían y rasgaduras abiertas extendieron el dolor a un movimiento que mutó en vibraciones periódicas y ciclos repetitivos que nuevamente intentaron cambiar para olvidar, dejando atrás pero reiterando el ritmo. Otros colores aparecieron, otros sabores.
Y se fue desdibujando el miedo de su cuerpo y quedó el ritmo cíclico del recuerdo empoderado.
qué pensabas cuando decidiste aplastar los alientos escritos, maldigo tu curiosidad asesina! Tu violencia de sarcásticas carcajadas!
.....me parece insuficiente
Por eso sigo esta puerta de entrada para encontrar aquella idea que me haga detenerme al fin cerciorado el grado de satisfacción o sacio del alma. No lo logro.
Es que de repente se menoscabaron las palabras exactas para descartar lo sentido! Quizás fue que una vez llegada la invasión, eso que solía parecer tan fácilmente expresable, se trasformó en el absurdo y complejo poder de cualquier erudito, ese todo inalcanzable adosado de sermones lujuriosos con pretensiones de seguidores que dejen de cuestionarse los supuestos lógicos recién creados!...Uff
aún me parece insuficiente"
De esta manera comenzó su día, negro adentro y multicolor en cualquier dirección que tomara.
Se mantenía negro desde su cabeza, un negro imposible, un negro confuso y tormentoso, sobre todo.
Parecía que nada podía modificar ese color oscuro tan finamente arraigado en su cuerpo y ella lo tenía claro. Así que se armó de valor y decidida a hacerlo desaparecer de una vez por todas, emprendió su viaje sin camino, sin mapa. Como invitando a sus antiguos derroteros idealistas a un frágil y poco creíble paseo por el fragmentado espacio de esperanza que le iba quedando.
Antes de partir mirose al espejo, como para que le quedase claro a si misma (y sobre todo a ese maldito color) que no continuaría en ese lugar por mucho tiempo y, más que eso, para localizar el miedo que recorría su cuerpo y atraparlo en sus manos. Miedo en el cuerpo, uno que pasó de la cabeza a la pierna sin preguntar, que se abalanzó con vergüenza, que destrozó su confianza y cuyo perfil fue disminuido hasta desaparecer por todo su maldito círculo de cuerpos hiper-machos.
Tenía claro que las manos no eran el mejor lugar para encerrar esa clase de miedo, pero al menos podía intentar transformarlo en ritmo y que con ese ritmo tomara otra forma, otro color. No fue fácil, los dedos comenzaron a rasgar partes del cuerpo inexploradas que contagiadas por el miedo acosador. Rasgando pausas, rasgando preguntas sin responder, rasgando sermones y axiomas. ¿De qué sirve? volvían y rasgaduras abiertas extendieron el dolor a un movimiento que mutó en vibraciones periódicas y ciclos repetitivos que nuevamente intentaron cambiar para olvidar, dejando atrás pero reiterando el ritmo. Otros colores aparecieron, otros sabores.
Y se fue desdibujando el miedo de su cuerpo y quedó el ritmo cíclico del recuerdo empoderado.
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